El Lenguaje Administrativo

El lenguaje administrativo, que es el que utiliza la Administración para dar respuesta a sus necesidades de conocimiento, es un lenguaje de especialidad, con unas estructuras muy fijadas, ya que se elabora a partir de un corpus textual -las leyes – y tiene un recorrido absolutamente marcado -el procedimiento administrativo: incoación, tramitación y resolución de un expediente.

Los rasgos que caracterizan el lenguaje administrativo y que hay que tener en cuenta para establecer unos criterios de redacción son:

1. La formalidad, que tiene que ver con el carácter oficial y representativo de los textos administrativos, con la necesidad que tiene este tipo de lenguaje de adaptarse a una gran diversidad de destinatarios y con el carácter vinculante que tienen las decisiones que se expresan.

A efectos prácticos, la formalidad del lenguaje administrativo conlleva que los textos tengan que redactar en un tono neutro e impersonal, primando los órganos ante las personas y rehuyendo todos los elementos lingüísticos que puedan denotar un exceso de expresividad, como por ejemplo las exclamaciones e interjecciones, las frases de contenido emotivo, el uso de la segunda persona del singular para hacer referencia al destinatario, etc.

2. La funcionalidad, que está relacionada con la eficacia de los textos en el proceso comunicativo, es decir, con la necesidad de buscar siempre la máxima precisión, concisión y claridad, a fin de que los destinatarios puedan entender bien los mensajes.

  • Precisión, la precisión requiere que se eviten las ambigüedades y que se utilicen los términos de manera unívoca. A ello contribuye la utilización adecuada de la terminología y la fraseología específicas, propias de este ámbito profesional, que permiten definir los conceptos con exactitud.
  • Concisión, la concisión conlleva hacer un esfuerzo para destacar la información importante y prescindir de la que no lo es. En cierta medida, se trata de presentar la información de la manera más breve posible, pero sin que ello vaya en detrimento del contenido.
  • Claridad, finalmente, la claridad implica tender a utilizar un lenguaje tan accesible como sea posible, a pesar de los condicionamientos que impone la necesidad de precisión, que a menudo obliga a utilizar términos extraños o con un significado distinto del que tienen en el lenguaje corriente.